La Coubre: crimen contra un pueblo

la-coubre-3Era el 4 de marzo de 1960. Un día ajetreado en el muelle de Tallapiedra de La Habana, pues del buque francés La Coubre había atracado. Numerosos trabajadores extraían un cargamento de granadas procedente de Bélgica. Esa jornada parecía común y rutinaria, pero justo cuando el reloj marcaba las tres de la tarde, el estruendoso sonido de una explosión acabó con la calma.

Aquella estampida sorpresiva provocó la muerte de muchas personas. Pero inmediatamente, trabajadores que se encontraban cerca del lugar, cumpliendo otras funciones, socorrieron a quienes lo necesitaban. Así relata Tomás Gutiérrez González, investigador del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado.

“Fue un momento trágico, pero también fue un momento de mucha solidaridad, heroísmo y valor de las personas, quienes a riesgo de su vida acudieron a salvar a otras personas. En este momento también se creó una disyuntiva en nuestro país, ya que pretendían que Cuba y su pueblo renunciaran a la Revolución que se estaba desarrollando, a la justicia social que se estaba implantando y a las medidas del gobierno revolucionario”.

la-coubre-2Media hora después de la detonación, otra explosión causaba más dolor, más pérdidas, más indignación. Por aquellos años, Cuba afrontaba un difícil contexto. En los campos del país operaban bandas que intentaban implantar el terror y el miedo en la población campesina. Era también la época en que la naciente Revolución iniciaba las transformaciones sociales.

“El objetivo y la intención principal de este crimen –cuenta Gutiérrez- fue cortar el suministro de armas belgas que Cuba estaba recibiendo para fortalecer su defensa, y al mismo tiempo aterrorizar al pueblo cubano”.

La explosión del buque francés La Coubre se convertía así en uno de los primeros actos terroristas contra la nación cubana. Ese 4 de marzo, 101 personas perecieron, incluyendo seis tripulantes franceses.

“Fue un hecho que produjo mucho dolor en la sociedad cubana y en la familia cubana; también en la familia francesa”, reflexiona el investigador.

En el sepelio de las víctimas, todo el pueblo habanero ofreció su solidaridad a los familiares y amigos de quienes abandonaban esta tierra para siempre. Y aunque la tristeza reinaba, era necesario conocer por qué había estallado la embarcación.

Comenta Gutiérrez que las investigaciones realizadas demostraron en primer lugar que no se trataba de un accidente, sino de un sabotaje, el cual tuvo como objetivo explotar el cargamento de granadas del buque, en el momento de su descarga. El segundo elemento es que fue preparado desde el exterior, y el tercero es que en este crimen estuvo involucrada la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Curioso resulta el dato sobre la reparación de la bodega donde venían las granadas belgas, pero, por qué.

“La bodega que traía ese cargamento donde venían las granadas que estallaron, esa bodega, la número 6 del buque, la última de popa, se reparó en Estados Unidos menos de dos meses antes de que se produjera la explosión”.

Sucesos como este pusieron fin a la vida de numerosos cubanos inocentes. ¿Acaso había razón para un crimen de esta magnitud? La respuesta a esa interrogante solo la conocen los ejecutores del acto, sin embargo, el sabotaje no implicó término para la Revolución, significó sufrimiento para un pueblo, que aún después de 56 años recuerda aquel 4 de marzo de 1960.

Por Lisbet Penín Matos

Tomado de Razones de Cuba

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