El maestro de todos. #HastaSiempreComandante

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Ernesto Montero Acuña

Con 88 años, Marcos Pérez Álvarez recuerda el anochecer  en que Fidel Castro, entonces Primer Ministro, le solicitó que fuera a recogerlo en la vivienda campesina donde el líder de la Revolución colaba café, durante un alto obligado en la vía en construcción desde la Ventana a La Sierrita.

En el 2016, el experimentado educador cuenta, en su vivienda del Vedado habanero, que “había llovido mucho y los carros se le quedaron atascados a Fidel cuando iba para la escuela que yo dirigía en Topes de Collantes. Por eso me mandó a buscar”.

La visita inesperada ocurrió el 17 de julio de 1966, cuando Marcos y numerosos educadores más asumían la formación de varios miles de estudiantes como maestros primarios y también añadían allí las construcciones necesarias para garantizar parte de la calificación de la fuerza docente que requería el país.

Para ello se había sentado una amplia base durante la Campaña Nacional de Alfabetización de 1961, en la que participó la mayoría absoluta de los que en Topes se formaban y también de sus profesores.

En el aniversario 55 de la declaración de Cuba como Territorio Libre de Analfabetismo, esta efeméride del 22 de diciembre se conmemora como homenaje al máximo impulsor de aquel empeño masivo, líder de la Revolución, luego de su fallecimiento el 25 de noviembre.

Por esto el exdirector de la Escuela Formadora Formadora de Maestros  Manuel Ascunce Domenech, nombre del joven brigadista asesinado por contrarrevolucionarios en la cordillera de Guamuhaya, explica aquella visita de Fidel, la primera de las dos que le realizó en Topes de Collantes.

“Al día siguiente de su llegada, habló en el anfiteatro muy amplio que habíamos construido frente al edificio principal de la escuela, con lo cual cumplía una promesa que le había hecho a los maestros que se formaban allí, por entonces unos siete mil o tal vez algunos más.

El 18 de julio de 1966, hizo ya 50 años, les dijo: “Frecuentemente tenía deseos de hacer la visita por el Escambray, ver cómo andaban las cosas por Topes, la escuela, las construcciones, los planes de café”, (1) una práctica suya, desde 1960, en el empeño por cambiar de manera radical 12 antiguas y atrasadas municipalidades de aquel entorno.

A la vez que el pueblo uniformado desarticulaba las bandas contrarrevolucionarias, creadas en aquellos parajes debido a características socioeconómicas de la región, a la penetración de la CIA en grupos anteriores a 1959 y a la política de Estados Unidos para derrocar a la Revolución en el poder, Fidel impulsaba el desarrollo educacional y económico del país.

Sobre su llegada a Topes explicaba aquel día: “empezamos a subir en yipi por la tarde, hasta que empezamos a encontrar unos campesinos que decían que no llegábamos, que había no sé qué barranco, que no sé qué río, que se atascaban hasta los mulos, y que los yipis no pasaban.

“Y nosotros veníamos con optimismo tratando de pasar, y simplemente los yipis no pasaban.  Pero después nos explicaron que faltaban dos kilómetros desde donde se quedaron los yipis hasta Topes; y era de noche, todo eso enfangado”…

Luego remataba el relato de una forma simpática: “y la verdad es que eran dos kilómetros campesinos los que faltaban”, aludiendo a la imprecisión, pues se trataba de una distancia mayor, por una carretera que ejecutaban fuerzas subordinadas a Marcos como director del complejo educacional conformado en Topes de Collantes.

Allí fundamentó luego el programa para la formación de maestros, que constaba de tres etapas: un año en Minas del Frío, en la Sierra Maestra; dos en Topes de Collantes, e igual tiempo en Tarará, al noreste de la ciudad de La Habana, en Playas del Este.

Sobre los avances constructivos, estableció un paralelo: “en honor a la verdad, después de las Minas del Frío ya Topes es casi un paseo,” pues “se está casi en plena civilización.” A lo que añadía una consideración medular: “Aunque […] gran parte de esos avances los han hecho ustedes; gran parte de las aulas, instalaciones y obras las han hecho los propios estudiantes.”

En cuanto al proceso docente, afirmaba que en 1965 “salieron los primeros maestros, que fueron de los que después de la alfabetización entraron en esta escuela, y fueron a sustituir a los primeros 500 maestros de la Brigada “Frank País” que, a su vez, pasaron a desempeñar otras funciones y a estudiar.”

A ello añadía una síntesis magistral:

“¿Qué es un maestro?  ¿Cuál debe ser el ideal de un maestro? ¿Acaso el ideal de un maestro podía ser el de aquel país, como el nuestro, donde más de un millón de personas no sabían leer ni escribir?  ¿Acaso podía ser el ideal de un maestro un país con un 25% ó un 30% de analfabetos?  ¿Podía ser el ideal de un maestro el sistema social que dejaba a más de 600 000 niños sin escuelas?  ¿Podía ser el ideal de un maestro el sistema social donde el 90% prácticamente de los estudiantes de primaria desertaban antes de graduarse de 6to grado? ¿Podía haber alguien con alma de maestro, con vocación de maestro, con espíritu de maestro, que pudiese sentirse feliz con aquel sistema social?  ¡No!”.

Se observa en el desarrollo de su discurso cómo ejerce él mismo una función educadora, de pedagogo revolucionario, para caracterizar y promover el tipo de maestro que debían ser quienes lo escuchaban.

“Nosotros teníamos que proponernos forjar un verdadero maestro, verdaderos maestros en el más cabal sentido de la palabra; maestros capaces de enseñar no solo en las ciudades, sino también en los campos; y no solo en los campos, sino también en las montañas; y no solo en las montañas, sino también en las montañas más incomunicadas del país.”

Situándolos luego en el contexto mayor: “Teníamos que formar maestros capaces no solo de enseñar en nuestra patria, sino […] capaces de irse a enseñar a cualquier parte del mundo donde hiciesen falta.  Necesitamos formar un tipo de maestros capaces de ir a enseñar no solo en el Pico Turquino, sino maestros capaces de estar dispuestos a enseñar en cualquier parte del mundo donde un pueblo hermano los necesitase.”

Sobre tales bases se crearon en Topes de Collantes maestros para formar nuevas promociones de hombres y también para ampliar las condiciones y capacidades requeridas para la docencia. En 1977, cuando Marcos cesó en la función de director de la escuela, había allí unos ocho mil estudiantes, luego de varias graduaciones.

Sin aquella obra no se podrían concebir hoy en Topes sus instalaciones turísticas y de salud, ni en Cuba los educadores formados para transformar la enseñanza, como los que surgieron hasta 1974 en aquel lugar simbólico.

De modo que cuando se cumplen estos 55 años de la Campaña de Alfabetización, Día del Educador, se está en condiciones de reconocer la obra física desarrollada desde entonces y también la creación de hombres para defenderla, con la pedagogía de Fidel, como maestro de todos.

1) Todas sus citas corresponden a Fidel Castro: Discurso del 18 de julio de 1966 en la Escuela Formadora de Maestros de Topes de Collantes. Departamento de versiones taquigráficas.

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