La vocación de Conrado Benítez

Por Lisbet Penín Matos

Hace 55 años ocurrió en Cuba una gloriosa gesta. Un acontecimiento que puso en manos de cubanos y cubanas un patrimonio inmaterial: el conocimiento. Quizás algunas personas, como yo, creen que la educación es algo inherente a tod@s, sin embargo, antes de la Revolución no era un derecho, sino un privilegio alcanzar un nivel de escolaridad elemental.

Hoy agradezco pensar de esa manera, por eso es preciso recordar a los maestros que generosamente ofrecieron sus saberes a las generaciones pasadas.

Conrado Benítez, quien nació el 19 de febrero de 1942, fue uno de ellos, y hace 55 años su cuerpo quedó sin vida, pero su imagen permanece en la memoria, pues su misión era llevar a toda Cuba la luz de la verdad.

Era Conrado un joven negro y humilde de 18 años,. Desde muy temprano se dedicó a trabajar en oficios como limpiabotas y panadero; sin embargo, su tesón fue constante, y a pesar del trabajo, dedicaba tiempo a estudiar en las noches.

¿Quién diría que a Conrado le faltaba vocación para ser maestro? Es que ni siquiera pudo esperar una noche para llevar a sus alumnos los libros de cuento y las golosinas, a pesar de la alerta de uno de los campesinos sobre la presencia de las bandas alzadas en esa zona del Escambray.

Su ilusión por compartir con sus discípulos fue más fuerte que ese aviso, por lo que decidió continuar su rumbo con la corazonada de que llegaría antes del anochecer a la finca San Ambrosio, lugar donde alfabetizaba.

La banda de Osvaldo Ramírez le impidió cumplir su cometido. Ese 5 de enero, Conrado, junto a otros campesinos (Eliodoro Rodríguez, Luis Conesa, Antonio Navas, el Currito, y otro cuerpo no identificado), fue víctima del terror que deseaban sembrar los bandidos en las montañas cubanas.

Entre los objetos encontrados, además de su cadáver, habían libros de Composición, Fisiología y Aritmética y los obsequios que con amor entregaría a sus alumnos.

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, dijo certeramente: “Ese maestro, que murió cruelmente asesinado, no será una luz que se apague, será como una llama de patriotismo que se enciende”.

Y así fue. En honor a Conrado Benítez, 12 días después de su asesinato, se crearon las brigadas que llevarían su nombre.

Quizás fue la historia, como es de caprichosa, la que quiso fuera capturado, para después llenar sus páginas de gloriosos acontecimientos, pues el ejemplo de Conrado se multiplicó en jóvenes y estudiantes, quienes llevaban en sí, la responsabilidad de portar cartillas, lápices, manuales y faroles como armas y municiones de guerra contra el analfabetismo.

Miles de jóvenes condujeron esa heroica Campaña de Alfabetización para que hoy, luego de 55 años de aquellos sucesos, la educación continúe siendo el patrimonio inmaterial que disfrutamos en Cuba.

Tomado de las Razones de Cuba

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