La carta “testamento” de Fidel Castro (+Fotos)

Lo había anunciado desde la Sierra Maestra —5 de junio de 1958— en un papelito manuscrito de apenas un párrafo, que Celia Sánchez salvó con celo de guardiana incondicional y que hoy pudiera ser considerado perfectamente el testamento político de Fidel Castro.

“Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario —escribió entonces—, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.

Ese día la aviación batistiana había destruido el bohío del campesino Mario Sariol y su esposa y sus cinco hijos pudieron escapar milagrosamente al refugiarse en el túnel de una antigua mina de manganeso, ubicada muy cerca del lugar donde residía la familia.

Al regresar del secadero de café donde se encontraba a la hora del bombardeo, el campesino descubrió desconcertado aquella visión dantesca y, tras encontrar unos fragmentos de los cohetes disparados, cargó con ellos hasta la Comandancia de Fidel, quien no tardó en descubrir una inscripción reveladora: USAF (United States Air Force).

Fidel sabía desde mucho antes que los Estados Unidos alimentaban por todos los medios a la dictadura decadente de Fulgencio Batista y que la base naval norteamericana enclavada en Caimanera era una retaguardia segura para los bombardeos, pero aquellas cuatro letras incrustadas en el metal resultaban más que contundentes.

La cineasta cubana Rebeca Chávez que descubrió la carta en una fotocopia ubicada frente a los ascensores del periódico Granma, contagió a otros compañeros suyos con la idea de una película, se fueron hasta la Sierra, treparon por Mompié y filmaron el testimonio del propio Mario en el lugar de los hechos.

Ella misma relataría que 20 años después ya la Sierra era otra, que Mario trataba de no equivocarse frente a las cámaras dirigidas por Daniel Díaz Torres y que constantemente invocaba al jefe guerrillero que en medio de las urgencias de la guerra encontraba tiempo para ocuparse de la casa bombardeada y de la suerte de la familia campesina.

Fidel Castro terminó aquella guerra —la ganó en poco más de dos años— y como él mismo le había jurado a Celia, casi sin bajar de las lomas comenzó una “más larga y grande”, la que Cuba entera está librando todavía.

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