Bibliografía reveladora sobre Félix Varela

Por Marta Rojas, especial para Cubadebate

Las bibliografías no suelen recibir la promoción que, en general, merecen. Tampoco los lectores comúnmente se sienten atraídos por esta modalidad literaria y científica; tal vez por eso un libro bibliográfico excepcional de Ana Suárez Díaz, investigadora titular del Centro Juan Marinello, como el que comentaremos, sea casi desconocido, aunque viera la luz  en el 2011 y estemos en vísperas del  cierre de la 21 Feria Internacional del Libro. Se trata del estudio crítico-bibliográfico titulado Félix Varela Morales, exilio u obra religiosa (Nueva York, 1821-1830), publicado por la Colección Raíces, Ediciones Boloña, de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

Esta obra es un mapa pormenorizado y revelador de incógnitas; además de las exposiciones de obras del Padre Varela que se desconocían, las cuales él escribe en el período más fructífero de su vida, y también el más critico, azotado por las autoridades coloniales, aún estando fueras de Cuba y donde el mismo denuncia con valentía un complot que existe para darle muerte.

La organización del libro, lo riguroso de la exposición de los temas y la amenidad que logra la autora en su elaboración, convierten este documento bibliográfico en un rico y atractivo libro de historia, humana, social, política y religiosa donde muy pronto el lector descubre vacíos que existían hasta ahora en la vida, el  pensamiento y la obra del presbítero, Félix Varela.

Entre muchas revelaciones sustentadas con información exhaustiva, está la ubicación de Félix Varela Morales entre uno de los fundadores de la prensa católica en Nueva Cork, The Catholic Observer, en diciembre de 1835-abril de 1837; del The Catholic Expositor, en 1941 al 44 y otros importantes trabajos, algunos polémicos, dentro del espectro religioso de su tiempo en un país de mayoría protestante.

. Según la propia autora anota, durante su proceso indagatorio para realizar este libro que presenta la Colección Raíces, se fueron develando datos complementarios de carácter biográfico, que sin que fuera el propósito, han sido útiles para estructurar, con mayor precisión, una síntesis del itinerario de la vida del padre (…) biografía y bibliografía, constituyen resultados de este proyecto integrador.

Aunque recoge una gran suma de fuentes referenciales hasta ahora no frecuentadas por otros autores cubanos no descarta en ningún momento, algunas esenciales como, por ejemplo, la imprescindible del doctor Eduardo Torres Cuevas volcadas en su importante obra Félix Varela: Los orígenes de la ciencia y la conciencia cubana (Ciencias Sociales 1995) y la igualmente básica de Carlos Manuel de Céspedes Menocal: Pasión por Cuba y Pasión por la Iglesia. Aproximación  biográfica al padre Félix Varela, entre otras.

La exhaustiva investigación de Ana Suárez Díaz que arroja tanta nueva información ordenada minuciosamente, fue realizada por la autora bajo los auspicios del Recovering the U.S. Hispanic Literary Heritage Proyect, de la Universidad de Houston, Texas, en el 2003. Este dato es importante porque, como se anotó al principio, casi toda la obra escrita por el presbítero cubano él la realizó, como José Martí, –a causa de la persecución colonial–, en Nueva York y San Agustín de las Floridas, y Varela escribió muchos de sus textos en inglés. De manera que una parte considerable de los originales o impresos que se conservaron están en archivos eclesiásticos y otros, en los Estados Unidos. Para esa fructífera búsqueda, la autora se acogió al proyecto de estudio del pensamiento religioso hispano en aquel país, desde la colonia a 1959. Su indagación se hizo aún más amplia, de ahí que la bibliografía espléndida contenga tablas donde aparece casi todo lo desconocido y conocido de Félix Varela.

La autora  se apoyó en el dictamen de especialistas para determinar con precisión la autoría de muchos escritos de Varela que este no firmaba, lo avala incluso “por aproximación, estudios de contenido, observación de contexto socio-histórico en que aparecen… atendiendo a ideas, giros idiomáticos, lenguaje etc.”.

La obra abarca  publicaciones seriadas o no. En el caso de la más conocida: El habanero, se sabeo, admite la autora, que es obra exclusiva de Varela. Pero no todas, o mejor diríamos no pocas, como El Mensajero Semanal por ejemplo, contaron con otras plumas como la de José Antonio Saco, y “ahí comienza a presentarse la dificultad”, dice.

Se hizo necesario el análisis científico-literario y conceptual, a partir del pensamiento y otros elementos ya mencionados que identificaban a Félix Varela en su discurso literario, periodístico,  filosófico y religioso.

Los estudios que vuelca en la bibliografía la investigadora Ana Suárez, revelan que Jicoténcal: primera novela histórica americana, escrita en lengua castellana (1826) es de la autoría de Félix Varela. Se descubre en esta bibliografía de la Colección Raíces, que la novela fue publicada (como él solía hacer) en forma Anónima o de autor Anónimo.  Los datos consistentes que se aportan, fundamentalmente, corresponden a la labor de los estudiosos de las obra de Varela, Luís Leal y Rafael J.Cortina  y afirma la autora que el aporte revelador es producto de un análisis importante de toda la obra de Félix Varela,  fuera esta adscrita al campo pedagógico, patriótico, filosófico, religioso, epistolar o de cualquier tipo. Dice; “Debo destacar sin embargo, por su extraordinaria importancia y en aras de subsanar un absoluto desconocimiento en toda su bibliografía activa conocida hasta el momento, que del conjunto de trabajos no religiosos de esta etapa (la de Nueva York) la obra de mayor relevancia del padre resulta ser -no con seguridad absoluta pero si sustentada en la evidencia” exhaustiva que han recogido Luís Leal y Rafael J.Cortiana-la novela Jicoténcal, publicada de manera anónima en Filadelfia (1826) ,en la imprenta de Guillermo Stavely, como otras publicaciones de Varela y aunque otros críticos y estudiosos se han referido hipotéticamente a diversos “autores” posibles, desde hace cuatro décadas la obra, según aseguran los especialistas Leal y Cortina, no tiene más que un posible autor: Félix Varela. La novela referida a la conquista de México tuvo un primer crítico en el siglo  XIX, según este estudio bibliográfico; lo fue el poeta norteamericano William C. Bryant (1794- 1878).

La bibliografía de la profesora Ana Suárez Díaz, secretaria ejecutiva de la cátedra Juan Marinello contiene cinco tablas de información sobre Félix Varela y su obra, entre 1824 y 1850; una tabla sobre los resultados: Bibliografía  general entre (1788 y 1853), fecha en que muere, apenas un mes antes del nacimiento de José Martí, casualidad subliminal. En las muchas referencias de esta tabla se destaca su labor en la Iglesia de la Transfiguración, en Nueva York, Varela procura fondos entre los pobres, sus amigos de Cuba y aportas de su propio patrimonio para disminuir la deuda de la Iglesia en 1846. Antes se le Había visto, en la bibliografía, como el primer párroco de Crist Church abriendo una escuela parroquial para varones y niñas en la cual impartió clases de religión y creó una biblioteca circulante. Otras tablas bibliográficas sobre los trabajos religiosos y no religiosos del Padre Varela, enriquecen esta obra e invitan a un estudio profundo de quien, sin lugar a duda puede considerársele fundador y precurso del sentido de nación y del pensamiento independentista cubano, asumiendo su profundo sentimiento religioso como el deber de hacer  el bien con el pan y el pensamiento. Todas sus publicaciones, aunque algunas se habrán perdido definitivamente, cobran vida en las tablas por asuntos de esta bibliografía.

En las conclusiones la autora señala que: “Sobrados y merecidos son los méritos del presbítero cubano Feliz Varela Morales para figurar (también) en los anales del catolicismo y la gestación de la cultura hispana en la nación norteamericana.

Los humildes siempre le rindieron homenaje. Señala que estos han contribuido a conservar su recuerdo. Describe que: Enclavada en pleno corazón del barrio chino neoyorquino, en la última parroquia de la Transfiguración, se conserva su recuerdo en una tarja conmemorativa y una pequeña estatua que reproduce su menuda y frágil fisonomía está adosada a los antiguos muros de la edificación, según la imagen descrita por la autora.

Fallecido en San Agustín de la Florida en febrero de 1853, pobre y enfermo, Varela regreso a Cuba en sus cenizas en una urna, la cual es el más preciado monumento que guarda el Aula Magna de la Universidad de La Habana. La bibliografía comentada en estas líneas es o debe ser una invitación a leer su itinerario, religioso, independentista y literario así como otros textos escritos sobre él y en particular su obra rescatada al tiempo.

Tomado de Cubadebate

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