Mi hermano Fidel #NuestroFidel

Por Daily Sánchez Lemus

-Así que somos hermanos y usted no me conoce…

-¿Usted es Fidel?

-Sí, yo soy Fidel.

-¿Usted es Fidel?

-Sí.

Gracias a la sensibilidad sin límites de Santiago Álvarez nos quedó “Mi hermano Fidel”… esa conversación espectacular entre el hermoso discípulo de Martí y Salustiano Leyva,  el guantanamero que a sus 92 años recordaba por allá por los años setenta el encuentro con el Apóstol cuando el desembarco por Playitas…

El niño que en 1895 tenía 11 años y que con más de nueve décadas recuerda rostros, cuenta sus sueños al interlocutor que su vista empañada no le permite reconocer; habla sobre cómo la Revolución le hizo la casa, y que está dispuesto a lo que sea por ella… Salustiano ríe, conversa con Fidel y solo al final se da cuenta de que es el Comandante mismo a quien tiene enfrente…el mismo que le dice que acabe de hacerse esos espejuelos para que conozca a los amigos…

Y es que Playitas de Cajobabo es un sitio sagrado. Allá, en la provincia de Guantánamo, inicia el camino de Martí en la Guerra Necesaria en Cuba -aunque para él había comenzado mucho antes,  cuando con desvelo la gestaba-… Por allí, por Playitas, José Martí pisó tierra cubana y sintió alegría inmensa de poder estar en el combate, de regresar y sentir en su piel los rigores de la manigua, y empuñar toda su alma por la libertad.

Hoy veré, una vez más, la conversación entre ambos hermanos…porque como bien dijera Salustiano: “yo soy hermano de Fidel porque Fidel es hermano del General Martí y yo soy hermano del General Martí….porque Fidel hizo las veces de Martí, socialista, comunista… y yo muero por Fidel….”

El 11 de abril ese sitio, Playitas, se volvió sagrado para la Patria, sí.

Y allí hay que ir una y otra vez, siempre que sea preciso retomar la ruta del Apóstol por Cuba.  Allí regresó Fidel en 1995, cuando se cumplieron 100 años del desembarco. Y así contaba el entrañable Eusebio Leal de aquel día, en el acto por el aniversario 120 del reinicio de la Guerra de Independencia:

La fortaleza que nos ha permitido llegar hasta aquí fue aquella que vi esa otra noche de abril en Playitas de Cajobabo cuando, convocados por el líder de la Revolución, llegamos a aquella hora oscura de la noche a la orilla de la playa. Él llevaba la bandera cubana en el asta que le trajo uno de sus ayudantes, y entonces, entrando en el agua a la altura prácticamente del tobillo, se abrió de pronto en el cielo la luna blanca y movió la bandera de Cuba hacia el Sur, hacia el Norte, hacia el Este y hacia el Oeste, diciendo: ¡Aquí estamos!

La misma luna de la que habló Martí en su diario, un siglo atrás: Fijamos rumbo. Llevo el remo de proa. Salas rema seguido. Paquito Borrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólveres. La luna asoma, roja, bajo una nube…

Será ese hilo que une a los héroes….y los hermana sin pensar en el tiempo…

Tomado de Razones de Cuba

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