Eliseo Reyes Rodríguez. #HistoriadeCuba #NuestroChe #TenemosMemoria

En Pinar del Río quienes le conocieron lo recuerdan con cariño. «Era el primero en las operaciones, siempre en primera línea», afirma René González Novales, entonces jefe del batallón de combate del cabo de San Antonio. «Un echa’o pa’lante completo. Sangre fría, audaz, inteligente y temible con el fusil en la mano. Por las áreas costeras y campesinas caminaba de noche y de día», confesaría a un periodista Amado Valdés, jefe del Buró de Bandas en Vueltabajo en los años 60.

En Caleta del Humo, al sur del cabo San Antonio, existe un paredón de roca de unos metros de altura que servía de orientación a las lanchas rápidas y barcos madres para operaciones de infiltración. El 21 de octubre de 1963 unidades de las far y el Minint se hallaban allí para interceptar un desembarco de terroristas y armas.

En medio de la oscuridad pudieron ver cómo se acercaba una lancha b-20 con un destacado contrarrevolucionario de pie al lado del timonel. Se oyó en la costa un tiro y el agente de la cia, al atracar, preguntó nervioso qué había sucedido. «Fue a Yuyo, que se le escapó un disparo», dijo el agente encubierto de la Seguridad que supuestamente le daba la bienvenida.

El terrorista se extrañó de que además de su enlace, otra persona lo estuviera esperando en la costa. «Y este ¿quién es?». «Yo soy el capitán San Luis y estás preso». El jefe de la infiltración intentó manipular su subametralladora pero San Luis, más rápido, lo neutralizó y procedió a su detención. Varios contrarrevolucionarios que integraban ese comando también fueron capturados junto con los pertrechos que pensaban introducir en Cuba.

En la guerrilla del Che en Bolivia, Eliseo Reyes Rodríguez adoptó el nombre de Rolando. Nació el 27 de abril de 1940 en un barrio llamado Chamarreta, pero casi toda su infancia y parte de la adolescencia transcurrió en Caridad de Bucuey, del municipio de San Luis. Por ello al incorporarse al Ejército

Rebelde con poco más de 17 años, sus compañeros de lucha le darían como sobrenombre el apelativo de ese municipio santiaguero.
Che, al verlo casi un niño, dudó en que resistiera los rigores de la guerra. Su tesón, seriedad y disciplina lograron que el comandante Guevara lo incorporara primero como mensajero. Tras asumir exitosamente diversas misiones relevantes, se convirtió en un soldado de vanguardia.

En la Campaña de Las Villas se destacó  por su coraje en las acciones más riesgosas al mando de un pelotón y le otorgaron los grados de capitán. Tras el triunfo revolucionario asumió varias responsabilidades, tanto en la lucha contra el invasor en abril de 1961 como contra las bandas contrarrevolucionarias. En 1962 lo designaron delegado del Minint en la provincia de Pinar del Río.

En nuestra provincia más occidental lo conoció René González Novales. «Era menudito, medía escasamente cinco pies tres pulgadas. Hablaba suave, mesuradamente. Tenía bastante cultura y sabía cómo hablarle a cada compañero según sus características. Humano y justo, era temerario en el combate».

Amado Valdés asegura que nunca le vio un gesto inhumano con nadie «ni aun con el enemigo. El respeto a los prisioneros significaba para él algo muy grande y quien no lo hiciera así, seguro que tenía problemas con él. Tampoco permitía que el enemigo en el combate se le adelantara… Bravo de verdad, quien no se le rindiera, él lo rendía».

Nelia Barreras, compañera en la vida de San Luis y madre de sus hijos, recordaría en una entrevista: «Tenía mucho apego con los niños, hablaba mucho con Eliseito y Marisela, aún no había nacido Renecito, y los llevaba a pasear cuando tenía un tiempo libre… Le gustaba caminar por el patio de la casa, sembrar calabazas, ajíes, tomates. Y me llamaba: mira cómo han crecido las matas».

En 1966 resultó seleccionado para formar parte de un grupo de combatientes internacionalistas. Bajo el nombre de guerra de Rolando, en Bolivia conocerían de su valor y entrega, como parte del grupo del centro y en funciones de comisario político, hasta que el 25 de abril de 1967 cayera en combate.

Ese día, en su diario de campaña, Che consignaría: «Hemos perdido el mejor hombre de la guerrilla y, naturalmente, uno de sus pilares, compañero mío desde que, siendo casi un niño, fue mensajero de la Columna 4, hasta la invasión y esta nueva aventura revolucionaria; de su muerte solo cabe decir, para un hipotético futuro que pudiera cristalizar: tu cadáver pequeño de capitán valiente ha extendido en lo inmenso su metálica forma».

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s