Carta a su madre desde el Cuzco. #HistoriadeCuba #NuestroChe #FelizDiadelasMadres

Cuzco 22 agosto de 1953

Calá el epígrafe mami:

Me di el gran gustazo por segunda vez y ahora a lo semibacán, pero el efecto es diferente. Alberto se tiraba en el pasto a casarse con princesas incas, a recuperar imperios. Calica putea contra la mugre y cada vez que pisa uno de los innumerables zoretes que jalonan las calles, en vez de mirar al cielo y alguna catedral recortada en el espacio se mira los zapatos sucios. No huele esa impalpable materia evocativa que forma Cuzco, sino el olor a guiso y a bosta; cuestión de temperamentos.

Toda esa aparente incoherencia de me voy, me fui, yo no he ido, etc., respondía a la necesidad que teníamos de que se nos supiera fuera de Bolivia, porque se esperaba una revuelta de un momento a otro y teníamos la sana intención de quedarnos a verla de cerca. Para nuestro desencanto no se produjo y sólo vimos manifestaciones de fuerza del gobierno, que, contra todo lo que digan, me parece sólido.

Estuve por ir a trabajar a alguna mina pero no estaba dispuesto a quedarme más de un mes y me ofrecían tres como mínimo, de modo que no agarré.

Posteriormente nos fuimos a la orilla del lago Titicaca o Copacabana y pasamos un día en la Isla del Sol, famoso santuario del tiempo de los incas donde se cumplió uno de mis más caros anhelos de explorador: encontré en un cementerio indígena una estatuita de mujer del tamaño de un dedo meñique, pero ídolo al fin, hecho del famoso chompi, la aleación de los incas.

Ya al llegar a la frontera había que andar dos kilómetros sin que hubiera transporte, y a mí me tocó como un kilómetro llevar la valija mía llena de libros que era un explosivo. Llegamos los dos y dos peoncitos con la lengua por los tobillos.

En Puno se armó la bronca con la aduana porque me requisaron un libro boliviano diciendo que era rojo. No hubo forma de convencerlos de que eran publicaciones científicas.

De mi vida futura no te hablo porque no sé nada, ni siquiera cómo andarán las cosas en Venezuela; pero ya conseguimos la visa por intermedio […] del futuro más lejano te diré que sigo en mis trece de los 10,000 u$s que tal vez hagamos un nuevo viaje por Latinoamérica, pero esta vez en dirección norte-sur con Alberto, y que tal vez sea en helicóptero. Luego Europa y luego oscuro.

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