Enérgico abril

El cuarto mes del año tiene para los cubanos un resuello glorioso, como si todo él se hubiera propuesto poblar de honores la Patria

Oleo
El Padre de la Patria nació el 18 de abril de 1819. Foto: Archivo

La historia carga de hechos los días, y  cada uno tiene la suya propia. A veces coinciden sucesos definitivos para un país en un mismo siglo, un mismo año, un mismo mes. Este es el caso de abril, que tiene para los cubanos un resuello glorioso, como si todo él se hubiera propuesto poblar de honores la Patria.

No desdeñan estas líneas que fue en abril cuando tuvo lugar el ascenso de José Martí al grado de Mayor General del Ejército Libertador, ni que en las luces del cuarto mes del año llegó al mundo, en 1819, Carlos Manuel de Céspedes, el hacendado que liberó a sus esclavos para juntos cambiar la suerte triste de la nación.

Tampoco, que la Organización de Pioneros José Martí y la Unión de Jóvenes Comunistas, fundadas en 1961 y 1962, respectivamente, celebran en él su aniversario.

Martí en campaña, desde la obra de Adigio Benítez.

Son otros los sucesos avistados ahora –también como aquellos– ligados a la entereza de los hijos de Cuba, y a la irrevocable decisión de defender la Revolución conquistada hace casi 60 años. Entre los mejores ejemplos de esa defensa, abril recuerda la victoria contra la agresión mercenaria, organizada por Estados Unidos en 1961, cuando el día 15 fueron bombardeados los aeropuertos habaneros de San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad, y el de Santiago de Cuba, como preámbulo de la invasión a Playa Girón, financiada por la CIA y llevada a efecto al amanecer del 17.

En menos de 72 horas la heroica tropa cubana, con Fidel al frente, rindió la embestida asalariada que ganó un sobrenombre enraizado para siempre en la conciencia revolucionaria de la región: la Primera Gran Derrota del Imperialismo en América.

Milicianos se dirigen a Playa Girón. Foto: Archivo

El arrojo de los cubanos para enfrentar la ignominia perpetrada contra su tierra  convirtió a abril  en símbolo para la Historia. Uno de los más extraordinarios ejemplos lleva el nombre del joven artillero Eduardo García Delgado, quien herido de muerte bajo la aviación enemiga, buscó fuerzas para escribir con su propia sangre el nombre de Fidel, como muestra de lealtad a la causa revolucionaria.

Abril contempló en 1980 un mar de pueblo desfilando ininterrumpidamente por la capitalina Quinta Avenida.

La primera marcha del pueblo combatiente entrañaba la indignación frente a los sucesos de la Embajada de Perú, resultado de una nueva acción destinada a destruir la Revolución.

Un mar humano protagonizó la Primera Marcha del Pueblo Combatiente, como apoyo a la Revolución, tras los sucesos de la Embajada de Perú. Foto: Liborio Noval

Alentado por el imperialismo un grupo de desafectos, en su mayoría delincuentes, asaltaron las embajadas de Perú y Venezuela con la esperanza de emigrar a Estados Unidos. Fue el Gobierno revolucionario el que corrió con las diligencias para garantizar al cúmulo de forajidos alimentos y atención médica.

Una vez más los medios de comunicación regidos por el imperio fabricaron a su gusto la desinformación y vitorearon a los exiliados, a los que les dieron tratamiento de héroes. Pero Cuba no estaba engañada. Bastaba valorar la conducta de algún conocido entre los intérpretes para comprender que formaba parte del grupo que procuraba vivir de cara a la impunidad. El pueblo en marcha, demostrando su madurez política, fue la réplica.

El nombre de Fidel, escrito por el artillero de 25 años Eduardo García Delgado, es una de las páginas más dignas de la Historia de Cuba. Foto: Archivo

Inagotable y estoico, abril presencia grandezas. En él caben lo mismo la creación de los círculos infantiles (1961);  la graduación, en 1963, de las Escuelas de Instrucción Revolucionaria, o la celebración en territorio tunero de una Tribuna Abierta de la juventud y los estudiantes (2000) para exigir la derogación de la Ley de Ajuste Cubano y en favor de la devolución del niño Elián González –secuestrado en Estados Unidos por la mafia miamense–, una de los más enconadas batallas libradas por el pueblo cubano, en aras de tener de vuelta a uno de sus hijos.

No fue, por tanto, casual que en días abrileños, justo los que conmemoraban el aniversario 50 de la victoria de Playa Girón, se celebrara,  en el 2011, el  Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba, un congreso que, en palabras del General de Ejército Raúl Castro, ya se había celebrado «en medio de ese magnífico debate con la población».

La alusión respondía a la discusión abierta que ya había tenido lugar meses antes, a partir de la discusión del Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social por parte de los militantes y el resto de la población cubana. La clausura del Congreso en el que Raúl fue elegido como Primer Secretario contó con la ovacionada presencia de Fidel.

También el Séptimo Congreso del PCC reservó a abril, esta vez para conmemorar el aniversario 55 de la Declaración del Carácter Socialista de la Revolución. Del 16 al 19, la cita de los comunistas cubanos evaluaría el cumplimiento de los acuerdos del VI Congreso y la Primera Conferencia Nacional del Partido, crucial camino para continuar perfeccionando el modelo económico y social de la nación.

Breves pero contundentes palabras expresadas por Fidel, líder eterno de la Revolución Cubana, recordaron en la clausura que la palabra «comunista» expresaba  «el concepto más distorsionado y calumniado de la historia por parte de aquellos que tuvieron el privilegio de explotar a los pobres, despojados desde que fueron privados de todos los bienes materiales que proveen el trabajo, el talento y la energía humana».

Cobardes mercenarios derrotados en abril de 1961. Foto: Archivo

Ahora, constituida la nueva Asamblea Nacional del Poder Popular, con lo que culmina el proceso electoral que desde el 2017 se viene gestando, Cuba vive el natural relevo de la generación histórica de la Revolución, que en modo alguno es remplazo antagónico, sino continuidad leal y convencida, como acaba de demostrarlo la sociedad civil cubana en la VIII Cumbre de las Américas, en Perú.

Si faltaran razones para sustentar las glorias de abril, siempre prestas a defender con la Revolución las nobles causas de los pobres del mundo, recordemos también aquel mensaje del Che Guevara, de absoluta vigencia, publicado en el propio mes, en 1967, en la revista Tricontinental, órgano oficial de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (Ospaaal), cuando alertaba sobre la impunidad casi absoluta respecto a la política injerencista e interventora del imperialismo:

«La OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté (…). Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica».

Fidel, Raúl y Nemesia Rodríguez, en cuya historia se inspirara Jesús Orta Ruiz en su Elegía de los zapaticos blancos. Foto: Juvenal Balán

Si aún no quedáramos conformes echemos un vistazo a Siria, cuyos recientes acontecimientos enlutan  a sus hijos frente a la destrucción avasalladora del imperialismo. Estos días de abril tienen las respuestas.

Un abrazo inolvidable, Fidel y Raúl en el vii Congreso del Partido. Foto: Juvenal Balán
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