El campeón olímpico de la Revolución

El Latinoamericano lo abrazó enfundado en uniforme de pelotero; fue aficionado a la pesca y la natación; su inquietud por escalar montañas no solo cultivó su físico, sino que le ayudó a hacerlo de verde olivo, y de ellas sacó una de las obras más humanas que haya conocido el mundo: la Revolución Cubana

Fidel y el deporte
Fidel no solo admiró a los deportistas, también compartió con ellos sus inquietudes En la imagen con los boxeadores Teófilo Stevenson y Félix Savón, y con el corredor Alberto Juantorena. Foto: Ismael Francisco

No habría estadio para alojar esa inmensa humanidad, curtida también en la práctica deportiva. En la Universidad de La Habana fue casi un Alberto Juantorena, al correr 400 y 800 metros, las distancias que el Elegante de las Pistas dominara en los Juegos Olímpicos de Montreal-1976.

Pero su sensibilidad tampoco cabría en ningún coliseo, cualesquiera fueran su aforo o dimensiones. Y esos sentimientos, hospedados en una anatomía de carácter indoblegable, le hicieron un campeón invicto en todas las batallas.

En el colegio de Belén, su paso bajo los aros de baloncesto con la camiseta número 6 dejó la huella de un gran jugador, de un alero de impetuoso y precisión de cara al canasto; también se le vio anotar goles con el equipo de fútbol. El Latinoamericano lo abrazó enfundado en uniforme de pelotero; fue aficionado a la pesca y la natación; su inquietud por escalar montañas no solo cultivó su físico, sino que le ayudó a hacerlo de verde olivo, y de ellas sacó una de las obras más humanas que haya conocido el mundo: la Revolución Cubana.

Tal vez nadie como Gilberto Suárez se dio de frente con el singular deportista. Aquel, nacido en Jamaica, fue el rival que encontró –a los 17 años de edad–, para enrolarse en un improvisado ring de boxeo en su natal Birán, quien después fuera el jefe guerrillero más astuto. Suárez esquivó varios golpes e hizo gala del pugilismo con el que se ganaba la vida. Le pegó un gancho al estómago y puso fin al ocasional pleito. Pero el jamaicano no tumbó a Fidel, se convirtió en un verdadero campeón de una de las grandes conquistas revolucionarias dirigidas por su «adversario».

Se graduó de maestro, enseñó canto, deportes e idioma inglés. Suárez es el reflejo de un pueblo que llevó al deporte hasta la estatura de potencia mundial, porque justamente su líder clarificó como pocos los valores de esa expresión social. El 19 de noviembre de 1961 el Comandante en Jefe dijo: «el deporte no solo ayuda a la salud física, no solo ayuda a formar el carácter, no solo ayuda a forjar hombres de espíritu y cuerpo fuertes, sino que también alienta al pueblo, entretiene al pueblo, hace feliz al pueblo».

Él mismo fue un ejemplo. «Nadie sabe cuánta utilidad le puede reportar a la vida el deporte, los ejercicios, y nosotros tenemos experiencia de ello. Tuvimos la oportunidad de practicar deportes y nos ayudó en muchas etapas; los deportes que habíamos practicado nos ayudaron en los momentos duros de la lucha revolucionaria, cuando tuvimos que vivir en los bosques y cuando tuvimos que hacer enormes esfuerzos físicos», afirmó en septiembre de 1964, ocasión en la que también expresó: «El deporte y la educación física no le irán a quitar el espacio a los estudios, sino que irán a fortalecer los estudios de los alumnos».

Así se edificó la potencia mundial. Cuando la educación física y deportes alcanzaban solo al 0,25 % de la población, sentenció –en marzo de 1961– que «el deporte va a ser una actividad que se va a popularizar y generalizar hasta una dimensión que posiblemente ahora muchos ni se lo imaginen».

FIDEL SIEMPRE ESTÁ A TU LADO

El 22 de enero de 1993, un accidente doméstico puso en peligro la vida de Ana Fidelia Quirot, al sufrir quemaduras en el 40 % de su cuerpo. Él fue de los primeros en llegar al hospital Hermanos Ameijeiras aquel día. Fue la primera de más de 20 visitas. No salía de allí. Ella le dijo «Comandante, volveré a correr»; y él le respondió: «primero, lo más importante, es tu vida; te salvarás». No hubo un solo día en que no interrogara a los médicos por su evolución. Y la tocaya, como él le decía, no solo sobrevivió, sino que le regaló a él y a su pueblo dos medallas de oro en los campeonatos mundiales de 1995 y 1997, toda una proeza. «Yo me llamó Fidelia por él, es mi inspiración».

Omar Linares, para muchos el mejor pelotero que ha pasado por las Series Nacionales, recordó el pasado año, el 29 de noviembre, en el programa televisivo Mesa Redonda, cómo el propio Jefe de la Revolución lo apoyó en la enfermedad de su padre. «Se encargó personalmente. Me emocionó aquel gesto y al propio tiempo tuve el privilegio de vivir su infinita sensibilidad». En esa noche también escuchamos al boxeador Armandito Martínez decir que perdió una pelea en Canadá, un despojo de los árbitros. «Quería morirme, pero cuando Fidel nos recibió en el aeropuerto y me dijo que había combatido como un campeón y que como tal debía sentirme, me levantó el brazo en señal de victoria».

Una vez a Teófilo Stevenson, el tricampeón olímpico y mundial, de los superpesados, la motivación le jugó una mala pasada. Y fue él quien se dedicó a recuperar al sin par deportista. «A partir de entonces fui mejor ser humano», dijo Stevenson. Mireya Luis lo conoció con apenas 15 años, a su regreso de los Juegos Panamericanos de voleibol, donde su brazo derecho destrozó el equipo estadounidense. Al ser intervenida quirúrgicamente de una de sus rodillas, fue más de una vez al centro asistencial para decirle que volvería a rematar. La capitana de las morenas del Caribe, le respondió con tres lauros dorados olímpicos, dos de campeona del mundo y cuatro de Copas del orbe.

PARA ÉL, LA MEDALLA DE ORO

El periodista Mario Torres recogió en un extenso volumen Fidel y el Deporte, su pensamiento fundacional de esta actividad en Revolución, pero también el anclaje y las razones por las cuales Cuba es hoy una potencia deportiva. Allí se hallan, además, los motivos por los que competimos con tanta pasión y compromiso, como lo acaban de hacer los atletas cubanos en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en la ciudad de Barranquilla.

Conectó el altruismo de quienes cayeron en la lucha con las bondades y frutos que la práctica deportiva ofrece para el desarrollo y la formación integral de los pueblos. El 1ro. de abril de 1959, apenas unos meses después del triunfo del 1ro. de Enero de 1959, aseguró: «Cuando cada muchacho encuentre en la ciudad, en el pueblo, en el barrio, un lugar apropiado para desarrollar sus condiciones físicas y dedicarse por entero a la práctica del deporte de su preferencia, habremos visto satisfecho el deseo de todos los que hemos hecho está Revolución».

Ilustró con su frase preferida, «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», su humildad y admiración por los héroes de la cancha, al decirle a un grupo de atletas el 22 de octubre de 1973: «Si yo naciera en esta época ¿saben lo que quisiera ser? Deportista».

Le dedicó a ellos su reflexión Para el honor medalla de oro, el 24 de agosto del 2008, y los deportistas y su pueblo lo han premiado con la misma presea y con el título de campeón olímpico de la Revolución.

Junto a Ana Fidelia, quien carga en brazos a su hija Carla Fidelia . Foto: Cortesía de Ana Fidelia Quirot
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