Casi 30 años permanecieron ocultas las cenizas de Mella (+ Fotos)

Luego de producirse la caída de la tiranía machadista el 12 de agosto de 1933, el Partido Comunista cubano tomó la decisión de traer de México los restos del líder antimperialista Julio Antonio Mella, quien fuera alevosamente asesinado en ese país por órdenes del dictador Gerardo Machado, el 10 de enero de 1929

Monumento construido en la tumba de Julio Antonio Mella en México. Al día siguiente de haber sido levantado, la policía lo destruyó.
Monumento construido en la tumba de Julio Antonio Mella en México. Al día siguiente de haber sido levantado, la policía lo destruyó. Foto: Antonia Pojvalinskaya

Luego de producirse la caída de la tiranía machadista el 12 de agosto de 1933, el Partido Comunista cubano tomó la decisión de traer de México los restos del líder antimperialista Julio Antonio Mella, quien fuera alevosamente asesinado en ese país por órdenes del dictador Gerardo Machado, el 10 de enero de 1929.

Los dirigentes del Partido estaban conscientes de que el aparato represivo del machadato se mantenía intacto y que trataría de impedirlo a toda costa.

Por eso planificaron y discutieron minuciosamente una operación clandestina que involucraba a un grupo de militantes del Partido y a revolucionarios mexicanos para realizar la delicada y riesgosa misión.

Representantes de organizaciones revolucionarias como el Partido Comunista; Socorro Rojo; Liga Juvenil Comunista; Federación de Estudiantes Revolucionarios de México; Ala Izquierda Estudiantil de Cuba y un grupo de intelectuales antimperialistas acordaron, entre otras actividades, realizar una colecta para costear el traslado de los restos de Mella a Cuba.

Con anterioridad, el 5 de septiembre de 1933, en la capital azteca se había constituido el Comité del Frente Único Pro-Mella, que era el encargado de coordinar todas las tareas.

Para presidir la delegación cubana se escogió al doctor Juan Marinello Vidaurreta, respetable intelectual y militante comunista quien desde hacía seis meses se encontraba exiliado allí.

La prestigiosa figura de Marinello, como profesor de la Universidad Nacional de México y sus contactos con intelectuales revolucionarios, resultó fundamental para el cumplimiento de la misión.

El día 6 el Departamento de Salubridad realizaría la exhumación. Fueron citados para el Panteón Dolores los compañeros que tenían tareas que cumplir en dicha ceremonia junto a Marinello: Mírta y Sergio Aguirre, Jorge Rojas, y Aida Carreras, entre otros comunistas cubanos y mexicanos.

De acuerdo con los libros sepulcrales la tumba de Mella correspondía a la No.44, pero no era así. Realmente era la No.45. Se extrajo el ataúd y los compañeros lo llevaron en hombros hasta el horno crematorio con la presencia de numerosos policías.

Transcurrieron unas dos horas cuando sacaron los huesos cremados y se comprobó que estaba incompleta. Los huesos del cráneo estaban casi intactos.

Había que incinerarlos otra vez, pero no había tiempo por la  presencia policial. Entonces los huesos y las cenizas fueron colocados en una caja tallada. Marinello y sus compañeros pasaron con ella entre los policías, que ya habían detenido a un grupo de compañeros. Se había dicho que los restos debían llevarlos a la Agencia Alcázar para ser enviados a Cuba.

Inmediatamente Marinello tomó un auto que lo llevó al salón de exposiciones donde depositó las cenizas. Más tarde llegaron otros compañeros que las sacaron de la caja y las llevaron para la casa de Mirta Aguirre y tiempo después bajo la protección de una maestra peruana de confianza.

Mientras numerosos agentes indagaban en la Agencia Alcázar por las sagradas cenizas, la señora Aida Carreras, madre de Mirta y Sergio Aguirre, abandonaba el camposanto tomada de la mano de su pequeña hija.

Ganaba la Calzada y se perdía entre los transeúntes. Ella era la que llevaba la bolsa con las cenizas oculta en su abrigo. Todo lo anterior había sido una genial operación de desinformación.

Para rendirle homenaje al líder antimperialista cubano, se organizó una solemne velada en el anfiteatro Bolívar, de la Escuela Nacional Preparatoria, en el mismo edificio de la Universidad. Por supuesto que el cofre, donde supuestamente se encontraban las cenizas y una gran foto de Mella estaban allí.

Luego de la intervención de varios oradores, Marinello cerró la velada. A esa hora ya la policía rodeaba el edificio y desde la presidencia se podía observar cómo los esperaban en la puerta para actuar contra los asistentes.

Todos se unen para salir protegiendo el cofre. La policía comienza su trabajo represivo para apoderarse de él. Golpes, empujones, puñetazos se intercambian con los uniformados.

Cuando vino la calma con un numeroso grupo de detenidos, entre ellos Marinello, los policías advierten que el cofre ha desaparecido. Lo encuentran en la azotea del edificio, lo abren y sólo hallan una jocosa nota. Nuevamente las cenizas se han esfumado.

En tanto en La Habana, el Partido Comunista organizaba una gran movilización para recibir al barco en los muelles de la Ward Line (hoy La Coubre).

Las cenizas serían resguardadas por los compañeros Ramón Nicolau y Juan Blanco, integrantes de las brigadas de autodefensa del Partido, quienes serían los responsables además, de trasladarlas hasta el local de la Liga Antimperialista, en las calles Reina y Escobar para su velatorio.

El 27 de septiembre atracó el barco. Marinello y sus acompañantes bajaron al muelle, donde fueron recibidos solemnemente por la multitud que los esperaba.

Las preciadas cenizas habían viajado en primera clase custodiadas por una estadounidense que las sacó del barco en el dobladillo de su vestido y en pomos de cosméticos.

Juan Blanco, recibió las cenizas y las colocó en una urna de mármol que se había confeccionado para la ocasión y, custodiadas por la multitud, se dirigió hasta el local de la Liga en la calle Reina.

Se solicitó el permiso para efectuar el entierro el día 29 a las dos de la tarde. Para esa fecha estaría terminado el obelisco que se levantaba en el Parque de la Fraternidad, donde finalmente reposarían los restos de Mella.

Sin embargo, apenas una hora antes de comenzar el cortejo fúnebre, un grupo de soldados se apareció en el parque, detuvo a los obreros que todavía trabajaban y comenzaron a derribar el obelisco. Dijeron que no había permiso. Ni para el monumento, ni para el entierro.

No obstante un numeroso grupo de obreros, desafiando a los soldados y a una fina llovizna, se concentró, como estaba previsto, en la calle Reina, frente a la sede de la Liga Antimperialista, donde estaba el velatorio.

Desde el balcón, Rubén Martínez Villena, quien ya estaba herido de muerte por la tuberculosis, habló a la multitud que estaba congregada en la calle. Ese sería su último discursopúblico.

Cuando Marinello y otros compañeros rendían la última guardia a las cenizas, comenzó un tiroteo en la calle. Los disparos impactaban en el piso superior donde estaba el velatorio.

El edificio estaba cercado por los soldados enviados por el entonces coronel Fulgencio Batista. Ya subían por la escalera. Había que salvar las cenizas a toda prisa.

Juan Blanco las tomó y se las entregó a su cuñada. Ella las ocultó en su vientre fingiendo el inicio de un parto. Auxiliada por Juan y su esposa, la bajaron por la misma escalera que subían los soldados.

Ya en la calle tomaron un auto que los llevó hasta el cercano hospital de Emergencias, y luego en ómnibus a la Habana Vieja, a la calle Lamparilla No. 115, donde vivían.

Allí ellos custodiaban y operaban una imprenta clandestina del Partido. Y en ese lugar ocultaron las cenizas.

La balacera en la calle Reina ocasionó numerosos muertos y heridos, entre ellos la del pionero de trece años Francisco González Cueto (Paquito) a quien una bala le destrozó la cabeza.

En el año 1935 Juan Blanco le entregó las cenizas a Marinello y el venerable profesor y amigo de Mella las ocultó en su casa hasta que, debido a los registros que le hacía la policía batistiana, su vivienda dejó de ser un lugar seguro.

Nuevamente las cenizas fueron trasladadas. Esta vez bajo la custodia del doctor Antonio Barreras, quien era Magistrado de la Audiencia de La Habana. Pero a los pocos días Pepilla, la esposa de Marinello tuvo que ir a buscarlas porque el magistrado procesó a un alto militar batistiano y su casa tampoco era segura para resguardar los restos de Mella.

Esta vez los cenizas serían acogidas y protegidas en la casa de un lejano pariente de Marinello, quien nunca había tenido filiación política. Allí permanecieron hasta que triunfó la Revolución.

A partir de entonces nuevamente Marinello se hizo cargo de custodiar los históricos restos de Mella hasta que, en 1962, cuando se desempeñaba como Rector de la Universidad de La Habana, se los entregó al entonces Comandante Raúl Castro, Ministro de las FAR.

Las cenizas fueron expuestas en el Aula Magna de la Universidad de La Habana del 16 al 22 de agosto de 1975 y luego, depositadas transitoriamente en el Museo de la Revolución hasta el 10 de enero de 1976, cuando se colocaron definitivamente en el Memorial Julio Antonio Mella, frente a la Universidad.

Fuentes:

Revista Bohemia 1ro y 8 de octubre de 1933

La revolución que no se fue a bolina, por Rolando Rodríguez

Conversaciones con Juan Marinello, por  Luis Báez

Juan Marinello, a la izquierda, sostiene el cofre con las cenizas de Mella, en el Panteón Dolores, en el cementerio de la Ciudad de México. Le acompañan parte de la delegación cubana y amigos mexicanos. Foto: Archivo de Granma
Integrantes de la Comisión que trajo a Cuba las cenizas de Mella. De izquierda a derecha, Pepilla Vidaurreta, Juan Marinello, Gertrudis Sánchez Rueda, Rodolfo Dorantes, Bonachea, y R. Salgado. Foto: Archivo de Granma
Entrada principal del histórico edificio de la calle Reina y Escobar, que fuera sede de la Liga Antimperialista en 1933. Por aquí bajaron ocultas las cenizas de Mella, cuando los soldados subían. Foto: Archivo de Granma
En este local en la calle Lamparilla 115, vivían Juan Blanco y su esposa. Ellos custodiaban y operan la imprenta clandestina del Partido. Allí se ocultaron las cenizas de Mella el 29 de septiembre de 1933. Foto: CUBARTE
La balacera en la calle Reina ocasionó numerosos muertos y heridos, entre ellos la del pionero de trece años Francisco González Cueto (Paquito) a quien una bala le destrozó la cabeza. Foto: Bohemia
Articulo Cenizas de un muerto, de Marinello, publicado en la revista Bohemia el 1 de octubre de 1933. Foto:Bohemia
Información publicada en la revista Bohemia el 8 de octubre de 1933, sobre la represión causada por los soldados para impedir el entierro de las cenizas de Mella, donde resultó muerto el pionero de 13 años Paquito Gonzáez. Foto: Bohemia
El Comandante en Jefe Fidel Castro rinde tributo a Julio Antonio Mella, en la guardia de honor efectuada en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Foto: Jorge Oller
Vista panorámica del traslado de las cenizas de Mella, de la Universidad de La Habana al Museo de la Revolución, donde las espera el Comandante en Jefe Fidel Castro. Foto: Emilio Argüelles
La urna de mármol que guarda las cenizas del líder antimperialista cubano Julio Antonio Mella. Foto: Walfrido Ojeda
Guardia de Honor en el Memorial Julio Antonio Mella, frente a la Universidad de La Habana, inaugurado el 10 de enero de 1976.
En este lugar del Memorial Julio Antonio Mella están, depositadas las cenizas del fundador del primer Partido marxista leninista de Cuba. Foto: Pedro Beruvides

Tomado de Granma

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